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Lunes 19 de octubre de 2015

SICOLOGÍA | Cómo aprender a esforzarse lo justo y en lo necesario

El titular no es antojadizo: una regla establece que solo un 20% de nuestros esfuerzos es responsable del 80% de lo que conseguimos.

"En el libro Alicia en el País de las Maravillas, la protagonista le pregunta al Gato: '¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?', y el Gato le contesta: 'Eso depende en gran medida del sitio al que quieras llegar'. 'No me importa mucho el sitio...', replica Alicia. 'Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes', responde el Gato. En un mundo en el que hay ilimitadas posibilidades, pero si no se tienen prioridades, lo fácil es perderse".

Así comienza un artículo publicado en El País Semanal, que reflexiona sobre la cantidad de esfuerzo que empleamos en nuestras actividades diarias y cuán efectivo es éste en función de nuestras metas. Considerando la gran cantidad de trabajo que tenemos a diario, la frase "menos es más" ha adquirido gran relevancia a la hora de organizar nuestros tiempos de forma efectiva. Incluso hay una regla: la del 80/20. El economista Vilfredo Pareto estableció que el 80% de nuestros esfuerzos es el responsable solo del 20% de nuestros resultados, y al revés: que un 20% de nuestros esfuerzos es el responsable del 80% de lo que conseguimos. ¿Cómo determinamos en qué o cuál tarea nos esforzamos? He ahí el dilema.

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Una manera de dilucidarlo es enfocándose en simplificar nuestra la vida, lo que implica aprender a decir que no. Muchos creen que decir que no es mala educación o bien señal de egoísmo, pero bien vale hacerse la siguiente pregunta: si accedo a realizar un favor y después me quejaré porque no tendré tiempo para hacerlo, corriendo el riesgo de hacerlo mal, ¿para qué decir que sí? ¿es eso egoísmo u honestidad? En realidad, no pasa nada si decimos que "no" de vez en cuando, y que más vale ser sincero que complaciente

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Otra forma de hacernos la vida más llevadera y no esforzarse en vano, es priorizando las tareas: poner más de tres tareas diarias puede ser contraproducente o no tener los resultados que esperamos. De ahí que lo que convenga sea anotar las actividades más importantes y desglosarlas, a modo de saber qué tenemos que hacer efectivamente y enfocarnos en hacerlas bien.

¿Cómo comenzar? Por lo más difícil. No hay que asustarse: una vez realizada la tarea, la gratificación que se siente de impulso para terminar el resto. El simple logro motiva para realiazar todo lo demás y la sensación de haber avanzado, al margen del tiempo que se requiera, es más gratificante que hacer y hacer y hacer, y no lograr nada sustancial a cambio. Porque, al final, no se trata tanto de velocidad, sino de calidad. 

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