Click acá para ir directamente al contenido

Lunes 26 de octubre de 2015

SICOLOGÍA | 6 mitos sobre el trabajo que deberíamos empezar a derribar

Para que el trabajo fundado en las jefaturas, en los horarios rígidos y en la sumisión, tiene sus días contados.

Eso de que el trabajo dignifica puede que sea cierto, pero muchos se preguntan qué tan digno es trabajar como borrego y recibir a fin de mes una remuneración que es un saludo a la bandera. En período de vacas flacas, muchas empresas caen en la mala costumbre de abusar de sus empleados, pero lo bueno es que el modelo tradicional de trabajo, aquel que implica horas de trabajo estructuradas, tiene sus días contados

Malas noticias para aquellos funcionarios olímpicos en sacar la vuelta, aquellos que se vanaglorian de estar muy ocupados, pero que no hacen más que tomar café y chatear. Buenas nuevas para los trabajadores, para las mentes creativas que van siempre un paso más adelante. ¿Qué mitos debemos derrocar para que ese futuro laboral idóneo llegue más temprano que tarde? Veámoslos a continuación.

1. Creer que debemos aceptar cualquier trabajo

Imagen foto_00000013
Siempre es mejor trabajar que estar cesante, pero aceptar un trabajo que no nos gusta es el peor negocio que podemos hacer. Y una de las leyes de Murphy lo avala: "todo lo que empieza mal, termina peor". Es decir que si partimos en una situación poco afortunada, el final infeliz vendrá más temprano que tarde.

No obstante, no todos tienen la libertad de elegir dónde trabajar. Si ésa es nuestra situación, lo primero es preguntarse para qué estamos trabajando y a partir de eso, actuar. Siempre conviene buscar alternativas, porque siempre las hay, y acordarse de la célebre frase de Groucho Marx, "estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros". Porque un trabajo puede darnos de comer, pero también regalarnos una existencia sumamente triste y miserable. A veces, es mejor esperar un poco. 

2. Creer que las empresas buscan personal sumiso y joven

Imagen foto_00000003
Una de las peores inversiones que hacen las empresas es contratar personal joven -pues es más barato-, que traen un exceso de energía, pero también de arrogancia. Los empleados que se buscan son aquellos con seguridad en sí mismos, pero no aquellos que son intransigentes y que no tengan tolerancia a la frustación ni a la críticas. En períodos de crisis la edad de contratación suele subir, pues se busca a personas que produzcan, que tengan iniciativa, que no haya que enseñarles ni motivarlos a trabajar bien. Se escogen personas proactivas y que sepan reaccionar en casos de emergencia. Y para eso se necesita experiencia. 

3. Creer que todos somos reemplazables

Una gran mentira. Sí hay personas irremplazables en las empresas, pese a que el conocimiento está en la organización y no en los inviduos. La razón está en que quienes logran motivar a las personas son otras personas, también conocidos como buenos líderes. Son ellos los que permiten que una empresa funcione, aunque ésta  tenga la última tecnología. El comunismo conductual, pensar que todos los trabajadores son iguales y reemplazables, hace también que los jefes o los mandos, adopten estrategias iguales para todos los empleados o los traten de la misma manera. Lamentablemente, no todo el mundo responde igual a los mismos estímulos. Hay quienes son muy buenos planificando, otros son creativos, otros son buenos tratando con personalidades difíciles. Un buen líder sabe crear grupos heterogéneos.

4. Creer que no se puede cuestionar las reglas básicas de la empresa

Imagen foto_00000002

Hay algo que muchos se niegan a creer que es que para innovar, para progresar, se necesita cuestionar las normas vigentes e invertir. No hay otro modo. Una de las razones por las que en América Latina cuesta tanto innovar en temas de reformas laborales es porque todavía impera con fuerza la filosofía feudal del "te ordeno y tu obedeces", lo que implica que los funcionarios tengan poca libertad de colaboración y estén constantemente desmotivados. Los que están en el mando desconfían y los que están más abajo, también. ¿Entonces, quién da el primer paso? Siempre deberían ser los líderes o quienes están en los mandos superiores. No por nada el dicho dice que hay que predicar con el ejemplo. 

5. Que no hay que hablar de dinero

Gran mentira gran, sobre todo si estamos en este sistema. Si se va a una entrevista de trabajo es un deber preguntar sobre el sueldo, pues cada persona necesita de éste para vivir. Nadie vive de aire. Por suerte, cada vez son menos las personas que aconsejan semejante cosa y en muchos países, como el Reino Unido, las ofertas de trabajo que se anuncian incluyen el salario aproximado para el cargo. ¿La razón? Porque así como se habla de condiciones laborales, horarios y aptitudes para el cargo, también se debe hablar de sueldo, casi por razones humanitarias.

6. Que ser jefe implica ser malvado, estar solo o no saber nada

Los directivos autoritarios sordos con las demandas de los trabajadores, al estilo de la protagonista de El Diablo se viste a la Moda, son caricaturas tan irrisorias como el S. Bums. Como decía El País, en un artículo titulado Se buscan líderes, no jefes: "El rígido estilo de dirección de los jefes ha quedado anticuado porque no es competitivo, desmotiva a las plantillas, y provoca la huida de los mejores trabajadores. No solo eso, un informe realizado por el IESE señala al estilo de gestión, a la falta de motivación de los empleados y a la mala calidad laboral (rigidez de horarios, falta de expectativas y estrés laboral) como tres de las cuatro causas del ausentismo en el trabajo".

Entre 2007 y 2010 la teleoperadora francesa, France Télécom, registró 60 suicidios de sus empleados. En el 2009 la empresa vivió su peor momento y un año después, su nuevo presidente, Stéphane Richard, puso en marcha un plan de urgencia: el Nuevo Contrato Social, que tuvo por objetivo cambiar la mentalidad de la clase dirigente. El programa se inspiró en los astronautas, porque tienen que mandar sobre un equipo de personas de diferentes nacionalidades, en condiciones extremas y en un espacio muy reducido. 

Pero las empresas más innovadoras van mucho más allá que lo que sucede en el espacio. Por ejemplo, Zappos, la start up de venta online de zapatos, instauró la "Holocrazy", un sistema de autogestión que valora la experiencia por encima de la autoridad y que trata de que el peso de liderar equipos no recaiga en el líder, sino en cada persona. W.L. Gore, fabricante de Gore-tex, no tiene empleados sino asociados; G.E. Aviation, la división de equipamiento de aviones de General Electric, también ha prescindido de los jefes; y en Valve, el estudio estadounidense de creación de videojuegos, no hay jerarquías y los trabajadores hacen un viaje juntos cada año para mantener el espíritu de equipo. 

Fuente: El País, La Vanguardia y BBC Mundo.

SEGUIR LEYENDO