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Miércoles 24 de octubre de 2018

Shaggy 'despeinó' a Sting en uno de los conciertos más maravillosamente extraños que se hayan visto en Chile

Sí, en papel ambos artistas suenan como una combinación destinada al fracaso, pero con una sorprendente química y buen sentido del humor, ambos deleitaron a 10 mil fanáticos.

Sting es un músico de múltiples virtudes y talentos, pero el sentido del humor nunca ha sido uno de ellos. De hecho, sus detractores siempre han adjudicado que el ex The Police a veces peca de solemne, un artista controlador, detallista y profundamente serio a quien rara vez se le pilla fuera de lugar.

Por eso, verlo junto al jamaiquino Shaggy, sonriendo constantemente, haciendo guiños y jugarretas, e incluso cediendo el foco en el escenario, es una postal tan extraña como magnífica. La unión entre ambos músicos, revelada sorpresivamente en enero con el anuncio de un álbum colaborativo, tuvo a los fanáticos de ambos rascándose la cabeza, pero anoche en el Movistar Arena quedó claro por qué Sting y Shaggy son una pareja tan necesaria: Lo están pasando increíble subvirtiendo las expectativas sobre cada uno, y de paso meten al público en esta celebración jubilosa de la unión entre dos estilos dispares.

Buena parte del espectáculo otorgado ante 10.000 personas estuvo centrado en '44/876', el mencionado álbum en conjunto, pero el show también dio espacio para ver a un inesperadamente relajado Sting moldeando sus históricos éxitos al estilo lúdico y juguetón de Shaggy.

De esta manera, tuvimos una apertura en donde 'Englishman In New York' contaba con versos extras del jamaiquino, dándole una resonancia especial a las letras de Sting sobre la alienación de un inmigrante, o un medley en donde la eterna 'Roxanne' daba paso, de forma repentina, a 'Boombastic' de Shaggy, desatando el aplauso incrédulo del público.

Más insólito aún es ver al siempre tan compuesto Sting cantando el gancho de 'It Wasn't Me', la oda de Shaggy a negar un affair amoroso que ha sido parodiada constantemente con los años, pero que el británico interpretaba con una sonrisa de oreja a oreja, como si estuviese plenamente consciente de estaba haciendo funcionar algo que en papel se escucha imposible.

 Y la conclusión es sencilla: cuando dos artistas lo están pasando tan bien sobre el escenario, es inevitable que el público se contagie y termine siendo un concierto de esos necesarios, que hacen pasarlo bien por sobre todas las cosas.

 

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Tags: Sting