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Jueves 21 de febrero de 2019

RESEÑA | 'Green Book' es encantadora, impecablemente actuada, y algo ingenua

El intento de Peter Farrelly de hacer un cine más serio te deja sonriendo, pero te preguntas si realmente deberías hacerlo.

Por Ignacio De La Maza

La frase 'el nominado al Oscar, Peter Farrelly' no deja de sonar insólita. No es que el tipo sea malo ni mucho menos, pero estamos hablando de una mitad de los 'Hermanos Farrelly', los desquiciados cineastas detrás de algunas de las comedias más grotescas de los últimos 30 años, incluyendo 'Loco Por Mary', 'Tonto Y Retonto' e 'Irene, Yo Y Mi Otro Yo'. No es un sujeto cuyo cine grite 'favorito de la Academia', precisamente. Y sin embargo aquí está, cosechando aplausos y buena fe en esta temporada de premios gracias a 'Green Book', primera película que realiza sin su hermano Bobby y la cual lo ha hecho acceder de forma atípica al mundo del 'cine de prestigio'.

Y es fácil entender por qué 'Green Book' se ha llevado aclamación: Es una película encantadora, basada en una historia real, con dos actores de alto calibre entregando algunas de las mejores interpretaciones de su vida y exudando carisma. También es miope en su mirada al racismo y la forma en la que impacta al mundo contemporáneo, algo que no deja de distraer.

Como dije, la historia es real: A comienzos de los 60s, el pianista afroamericano Don Shirley (Mahershala Ali, fantástico como siempre) decide emprender una gira por el sur de los Estados Unidos, con las leyes Jim Crow todavía rigiendo y sometiendo a los afroamericanos a segregación y violencia avalada legalmente. Por eso recluta como chofer a Tony 'Lip' Vallelonga, un italo-americano con su propias tendencias racistas pero excelente a la hora de solucionar conflictos de formas violentas pero efectivas.

¡BERENJENA!

'Green Book' brilla con la lenta camaradería que se forja entre estos dos personajes, y el genuino afecto que aprenden a entregarse. Ali revela multitudes en su personaje, un genio afroamericano que no se siente parte de su propia cultura pero que también desprecia el racismo sistemático que tiene que enfrentar. Mientras tanto, Mortensen hace de lo que podría ser una caricatura un personaje multifacético y con su propia profundidad.

El problema es cuando Farrelly trata de decir cualquier cosa ligeramente compleja sobre tensiones raciales, xenofobia y crueldad humana: 'Green Book' es más 'Conduciendo a Miss Daisy' que 'El Infiltrado del KKKlan', mostrando actos de racismo horrendo pero sugiriendo que se trata de problemas del pasado y de una zona específica de los Estados Unidos. Su optimismo es dulce pero ingenuo: En un Estados Unidos en donde hombres y mujeres de color siguen siendo asesinados por el color de su piel, mirar al racismo sistemático como una aflicción temporal y no como una condición humana terrible que está lejos de encontrar una solución, es desconcertante por decir lo menos. 

O sea: 'Green Book' tiene la mejor de las intenciones, y a actores dándolo todo, aunque funciona mejor como una comedia dramática de dos hombres distintos aprendiendo a aceptarse más que como una parábola sobre los horrores del racismo. 

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