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Martes 12 de enero de 2016

CIENCIA | Este es el efecto que un beso con lengua tiene en nuestros cerebro

Besarse 'a la francesa' es rico y arriesgado, y nuestro cuerpo lo sabe. Hacerlo despierta neurotransmisores que nos permiten sentirnos optimistas y excitados.

Una de las mejores experiencias sensoriales por las que podemos pasar los seres humanos es besarse. Cuando lo hacemos todo nuestro cuerpo reacciona, pese a que para besarnos ocupamos una ínfima parte de nuestro organismo. ¿Por qué los besos generan tantas sensaciones? Porque pese a sus dimensiones, los labios junto con la yema de los dedos, son algunas de las zonas con mayor densidad de terminaciones nerviosas. Es decir, tienen múltiples receptores capacitados para percibir, explorar y transmitir información al cerebro.

"En los labios se nota con mucha precisión la temperatura corporal de la otra persona, el tono muscular y hasta el estado de su sistema inmunitario. Además, durante el beso, especialmente con lengua, hay un importante intercambio de saliva que hace que el hombre pase testosterona y actúe como una especie de afrodisíaco que activa la receptividad sexual. Cuando toda la información llega al cerebro, este valora si le gusta o no, si lo rechaza o lo acepta", explicó David Bueno, biólogo e investigador de genética en la Universidad de Barcelona, a el diario El País.

Cuando el cerebro analiza toda esa información, en segundos comienza a segregar una serie de neurotransmisores (sustancias químicas que comunican unas neuronas con otras) que son los responsables de que nuestro cuerpo reaccione. Los principales son la dopamina, que nos hace sentir placer y bienestar; la serotonina, con la que sentimos excitación y optimismo, aunque también puede tener un efecto de ira y agresión; epinefrina, que aumenta la frecuencia cardiaca, el tono muscular y la sudoración, por eso sentimos calor y que el corazón se acelera; y la oxitocina, que genera apego y confianza.

Pero, además, se liberan otras sustancias, como el óxido nítrico, que relaja los vasos sanguíneos, provocando un incremento en el flujo sanguíneo del pene y, por tanto, la erección. O la feniletilamina, "una anfetamina potente y rápida que estimula el sentimiento de placer, por eso el primer beso de los adolescentes suele ser más intenso y apasionado", explicó para el mismo medio el doctor Jesús de la Gándara, jefe de Psiquiatría del Hospital Universitario de Burgos y autor del libro El planeta de los besos. Aunque el psiquiatra destaca que no solo ocurre en los adolescentes, según Gándara, también puede darse en adultos, "la clave reside en encontrar a la persona que despierte ese neurotransmisor".

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