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Jueves 17 de abril de 2014

LSD y depresión

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Hace más de siete décadas que el químico suizo Albert Hofmann descubrió por casualidad las propiedades alucinógenas del ácido lisérgico, conocida popularmente como LSD.

Desde principios de la década de los años '50 del siglo pasado se llevaron a cabo cientos de estudios clínicos en todo el mundo con LSD, cuyos resultados sugerían que esta sustancia podía servir para tratar diversos trastornos como la ansiedad, la depresión o incluso adicciones como el alcoholismo.

Pero cuando el LSD saltó de los laboratorios a la calle y empezó a ser utilizado con fines recreativos, pasando a formar parte de la contracultura de los años '60, las autoridades en la mayoría de países del mundo reaccionaron prohibiéndolo e ilegalizando todos sus usos.

Recién a principios de los años '90 se produce un cambio de actitud y se permite que algunos equipos de investigadores retomaran los estudios clínicos con sustancias alucinógenas.

Los expertos aseguran que los resultados preliminares que se están obteniendo en ensayos con sustancias como el LSD o incluso el MDMA, son prometedores.

Los investigadores concluyeron que este compuesto, combinado con sesiones de psicoterapia y administrado en un entorno controlado, ayuda a reducir considerablemente la ansiedad que los enfermos padecen ante la muerte, ayudándoles a hacer frente a sus miedos.

Otros estudios realizados en los últimos años en Estados Unidos y Europa apuntan que el LSD y el MDMA también pueden ayudar a tratar la depresión y ansiedad en pacientes terminales y otros trastornos como el estrés postraumático o incluso la adicción a las drogas y el alcohol.

Sin embargo, las autoridades sanitarias se muestran cautelosas frente a estas investigaciones, entre otros motivos por la falta de predictibilidad de los alucinógenos, que afectan a cada persona de manera diferente, alterando la química del cerebro con consecuencias todavía desconocidas. Charles Grob, profesor de psiquiatría de la UCLA empezó a estudiar los efectos desde los 70.

Según Grob, los tratamientos con alucinógenos pueden ayudar a tratar a pacientes "con trastornos que suelen ser muy difíciles de curar, como el estrés postraumático o los trastornos obsesivo-compulsivos o incluso los desórdenes alimenticios como anorexia y bulimia".

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Tags: Depresión