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Miércoles 29 de enero de 2020

RESEÑA | 'Parasite' confronta los horrores y los absurdos de la desigualdad social

El coreano Bong Joon-ho se consolida como uno de los mejores cineastas del planeta con su negra sátira acerca de la lucha de clases.

Por Ignacio De La Maza

Bong Joon-ho es, a falta de palabras más elegantes, un hombre emputecido. El cineasta coreano esconde detrás de su aspecto afable y tono siempre controlado un corazón furioso, producto de años desarrollándose como principal cronista cinematográfico de las absurdas injusticias del neoliberalismo, de la desesperación humana de enfrentarse contra un sistema implacable (y perder, una y otra vez), de la idiotez y crueldad cotidiana que acercan a nuestro mundo a una pesadilla distópica.

‘Parasite’, la película que lo ha hecho pasar de figura de culto a superestrella internacional, es quizás su trabajo más emputecido, la destilación de sus eternas preocupaciones sobre los efectos destructivos de la desigualdad, el privilegio y la desconsideración escalofriante con la que somos capaces de tratarnos los unos a los otros. Hay elementos de la lucha de clases apocalíptica de ‘Snowpiercer’ (2013), del terror político de ‘The Host’ (2006) y de la sátira absurdista de ‘Okja’ (2017), pero a diferencia de todos esos esfuerzos, no hay ni una pizca de ciencia ficción en ‘Parasite’. Revelar los múltiples significados del título es entrar en terreno de spoilers, pero en esta ocasión Bong decide anclar su comentario en el terreno de la realidad, una que parece tan insólita como la de una sociedad formada al interior de un tren bala o una en donde ‘supercerdos’ son la nueva moda de la industria de la carne, pero que es dolorosamente reconocible en nuestra propia cotidianeidad.

Desde su estreno en Cannes, el director ha sido imperante en su petición de no revelar las múltiples sorpresas que contiene ‘Parasite’ (petición que se respetará aquí), pero la trama básica dice así: La familia Kim, que vive de la forma más marginal posible en los barrios bajos de Seúl, encuentra la forma de inmiscuirse como sirvientes en la mansión postmodernista de los Park, aprovechando la ingenuidad y desconexión de sus acomodados propietarios para forjar toda clase de credenciales como profesores de inglés, de arte, choferes y amas de llaves. La mesa queda servida para una sátira social incisiva, pero Bong tiene en mente más cosas que una simple parodia, y su mirada se vuelve más trágica, incendiaria y profunda a medida que introduce numerosos giros que complican la perspectiva y simpatía del público.

Quizás el elemento más subversivo de ‘Parasite’ sea su visión moralmente ambigua sobre sus personajes. No hay buenos y villanos aquí: El privilegio descarado de los Park los hace más desconsiderados que activamente malvados (aunque algunos podrían argumentar que es lo mismo), incapaces de cualquier autoreflexión más allá de su  elegante burbuja o de considerar a su opulencia tanto como síntoma como agravante en una configuración social en donde otros viven encaramados en sótanos.  Por su parte, los Kim tampoco están arriba de cualquier reproche: Más allá de su ingeniosa farsa, la familia es capaz de actos de crueldad impactantes con tal de asegurar su supervivencia. Sus interacciones están plagadas de una comedia negra como la noche, pero Bong nunca se esconde de la tragedia inherente del destino fijo e inamovible de todos los involucrados.  

Al igual que en las anteriores películas del director, ‘Parasite’ es más difícil de clasificar de lo que uno asumiría. Cada detalle está calibrado esconde un sinnúmero de significados, con la casa de los Park, en sus múltiples niveles, emulando al propio microcosmo de Seúl, una ciudad vertical en donde los pisos de arriba son de un lujo apoteósico mientras que en los compartimientos más profundos se haya una miseria tremenda. Bong maneja el caleidoscopio de tonos con la experticia de siempre, pero en esta ocasión su furia es más palpable que nunca: Hay momentos en ‘Parasite’ de una brutalidad tremenda y de una miseria inmensurable, con cada risa nerviosa escondiendo apuñalada en el pecho. Básicamente el coreano parece estar diciendo “sí, esto es absurdo, y también impresentable”.

No por nada ‘Parasite’ se ha convertido en la favorita del público en esta temporada de premios. Si bien Bong declaró en más de una ocasión que su intención original era hacer una película ‘muy coreana’, sus comentarios sobre los efectos devastadores de órdenes sociales que permiten que algunos se vanaglorien en excesos mientras que otros lo pierden todos a la primera lluvia torrencial de la temporada son universales. Después de todo, si hay un villano en ‘Parasite’, ese es el sistema en sí, y su desafiante desigualdad. Difícil que cualquier historia acerca de este mundo termine en algo que no sea en tragedia.

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