Dos consejos para que nos deje de importar lo que piensen los demás

28/07/2017

Dos consejos para que nos deje de importar lo que piensen los demás

Se trata del 'Síndrome de Salomon' o el también llamado miedo a sobresalir.

Si usamos la jerga de la sicología, se dice que las personas padecen del Síndrome de Solomon cuando toman decisiones o comportamientos para evitar sobresalir o destacar en un grupo social determinado, o cuando nos boicoteamos para no salirse del camino que sigue la mayoría. De manera casi inconsciente, muchos temen llamar la atención o incluso triunfar por miedo a que los demás se ofendan. De ahí que, por ejemplo, existan personas renuentes a hablar en público, ya que se trata de una situación en la que quedamos expuestos y vulnerables.

Este síndrome denominado así por el sicólogo estadounidese Solomon Asch, revela falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, porque estamos convencidos de que nuestro valor como personas depende de la opinión que tengan los demás. Este trastorno sicológico también refleja una verdad incómoda: que formamos parte de una sociedad que valora a las personas midiendo el éxito ajeno y que, en un plano más profundo, es mal visto que a alguien le vaya excesivamente bien. Como bien dice el dicho: la envidia mata el alma y la envenena.

La Real Academia Española define esta emoción como "deseo de algo que no se posee", lo que provoca "tristeza o desdicha al observar el bien ajeno". La envidia surge cuando nos comparamos con otra persona y concluimos que tiene algo que nosotros anhelamos. Nos hace poner el foco en nuestras carencias, las cuales se acentúan en la medida en que pensamos en ellas. Así es como se crea el complejo de inferioridad; de pronto sentimos que somos menos porque otros tienen más.

¿Y qué hacer para no caer en este círculo vicioso?

1. Entender lo irrelevante e inútil que es perturbarnos por lo que opine la gente de nosotros. Pensémoslo bien: tememos destacar por miedo a lo que ciertas personas –movidas por sus inseguridades– puedan decir de nosotros para compensar sus carencias.

2. Dejar de demonizar el éxito ajeno para comenzar a admirar y aprender de las cualidades de los demás y que les ha permitido alcanzar el éxito. ¿Por qué es importante este punto? Porque aquello que admiramos en los demás, empezamos a cultivarlo en nuestro interior.

Mandela tenía razón

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Después de 27 años en la cárcel, Nelson Mandela compartió con el mundo entero uno de sus poemas favoritos, escrito por Marianne Williamson: "Nuestro temor más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro temor más profundo es que somos excesivamente poderosos. Es nuestra luz, y no nuestra oscuridad, la que nos atemoriza. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso? En realidad, ¿quién eres para no serlo? Infravalorándote no ayudas al mundo. No hay nada de instructivo en encogerse para que otras personas no se sientan inseguras cerca de ti. Esta grandeza de espíritu no se encuentra solo en algunos de nosotros; está en todos. Y al permitir que brille nuestra propia luz, de forma tácita estamos dando a los demás permiso para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, automáticamente nuestra presencia libera a otros".

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